SANTO DOMINGO: UN NOMBRE QUE SE PUSO DE MODA EN LAS TIERRAS CONQUISTADAS

Muchos países tienen comunidades llamadas así, aunque con apellido y todo, y en otros hasta lo tiñeron de colores, como Santo Domingo de los Colorados, en Ecuador; ni siquiera Estados Unidos pudo vencer la tentación de la “domingomanía” reinante en esa época y tiene su propio “Wicomico-San Domingo”

La multiplicación de un nombre en la geografía inaugural de los pueblos es proporcional a la potencia de la metrópoli que la sustenta.

Un nombre, Santo Domingo, se distribuyó por las tierras conquistadas como una pandemia que no encuentra la manera de diluirse.

Hay cuarenta y siete ciudades y localidades con el nombre de Santo Domingo.

México acapara como nadie este nombre que suena dulce y caótico a los dominicanos. Quien conquista de una manera abrumadora como ocurriera en estos paraísos transformados, se lo lleva todo.

Parece tan común en la apretada geografía de los apelativos que da la impresión de que nada resultara más reiterativo.

Sólo en el distrito federal mexicano hay dos.

El nombre aparece distribuido geográficamente, marcado por la historia colonial de España, desde Filipinas a México e incluso Estados Unidos.

Contiene una parte positiva: nadie tendrá que sentir el pequeño e innecesario orgullo provinciano que por lo general acompaña a las regiones..

Hay un Santo Domingo de Almería y otro en Valencia, en España, como también un tercero en Tenerife, Islas Canarias.

El nombre pasa a Heredia, Costa Rica, para recalar en Santo Domingo de Guzmán, la capital Dominicana, aunque sin rango de posiciones.

Cada región tiene sus propios méritos.

Aunque no son reformistas y se ahorran sus conflictos políticos, hay un Santo Domingo de los colorados en Pichincha, Ecuador, donde tampoco hay chincha que pique.

En El Salvador, el nombre tiene la particularidad de que se repite a sí mismo: Santo Domingo, Santo Domingo.

Un área es política, la otra geográfica.

Hay un Santo Domingo que nada tiene de cómico en Estados Unidos: Wicomico.

Incluso hay un Santo Domingo de Guzmán en Sonsonete, también de El Salvador. Para que nadie se quede sin su ración, hay uno en Peñuelas, Puerto Rico.

En la región de Albay Bicol, Filipinas, vuelve el mismo gentilicio a ocupar su espacio.

Igual ocurre en Ecija y Llocos, región central del país asiático que fue colonia de España.

De nuevo lo localizamos en dos áreas de Chiapas, y en dos de Chihuahua, México.

De ahí en adelante casi todo el territorio azteca contiene pequeños poblados y ciudades de ese sustantivo, dulce y amargo a los criollos, con sus mismos calores, sabores y particularidades.

Pasa por Unión Juárez para detenerse en la cálida y costera Yucatán, recorriendo humedales, zonas tórridas, profundas, plateadas y cobrizas, sonrisas, cayucos, vendimias, arrozales, maizales y desiertos, todas las temperaturas. Como para confirmar que había una predisposición al santo aquél, sólo en Guanajuato hay tres pueblos Santo Domingo. El apelativo pica y se extiende desde Morelos, Oaxaca, Salamanca, Jalisco, Villa Flores y no hay para qué seguir contando.

Esa domingomanía además de territorial geográfica es política, responde a tradiciones e historia, así como a propuestas religiosas y más.

Por cierto que éstos sustituyeron parcialmente y después ampliaron los nombres originales aztecas que no todos son fáciles de pronunciar.

México se llevó ahí más de las dos terceras partes de los premios con ese distintivo.

¿Quien era Santo Domingo?

En un comentario del 30 de septiembre de 1933, Jorge Luis Borges se encargó de Sano Domingo de Guzmán llamándole el dinámico y agregando que tenía un espíritu organizador y de empresa, situándolo como el verdadero creador del Santo Oficio, que no sólo trazó las bases de la institución sino que fue hombre capaz de llevar la idea al terreno de la práctica.

Oriundo de Castilla la Vieja -nos recuerda-, su carácter inquieto lo llevó a otras tierras y hallándose en Francia, hacia el año 1200, obtuvo permiso del Papa para convertir y combatir a los Albigenses.

Los misioneros, con ánimo beatífico, se pusieron en campaña tratando de obtener la conversión de los herejes mediante el empleo de los medios de persuasión y de paz que sus sencillas mentes indicaban.

La conversión pacífica y apostólica fue de escaso resultado práctico. Así lo comprendió Domingo de Guzmán, quien convencido de que por tales medios poco o nada se lograría, obtuvo autorización del Pontífice para iniciar la campaña violenta contra los enemigos de la fe, organizando e implantando el terror religioso en el mediodía de Francia.

Dentro de tales normas, Domingo de Guzmán organizó la Santa Inquisición, que como indica su nombre, se concretaba a obtener sanciones de los inculpados, llegando más tarde a la aplicación de sanciones penales, siendo la ejecución de las sentencias, materia librada a las autoridades civiles. Dictó a tal efecto reglas de enjuiciamiento que formaron un verdadero cuerpo de leyes procesales, en las que la tortura, de común aplicación en la época, era empleada como arbitrio para la rápida obtención de confesiones.


Escrito por: Por Rafael P. Rodríguez
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Editor Gazcue es Arte

Master en Educación Superior mención Docencia, Licenciado en Comunicación Social, Técnico Superior en Bibliotecología y Diplomado en Ciencias Políticas, Columnista del periodico El Nuevo Diario

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