Virtudes y defectos de la minería

Por R. Osiris de León

Cualquier ciudadano que haya leído textos de historia universal sabe bien que los grandes avances de la sociedad están marcados por la edad de cobre, la edad del bronce, la edad del hierro, y ahora la edad del petróleo, todas sustentadas por una actividad minera que supo extraer minerales y combustibles presentes en el subsuelo para utilizarlos en el desarrollo de la sociedad.

El mundo de hoy jamás fuese como lo conocemos y lo disfrutamos si no hubiese existido la actividad minera que extrae minerales y combustibles del subsuelo para transformarlos en metales y en fuentes de energía que nos permiten vivir cómodamente.

Petróleo, gas y carbón mineral nos permiten disponer de energía para cocer nuestros alimentos y sobrevivir, para transportarnos hasta grandes distancias y para mover nuestras industrias.

Los metales de la minería nos producen los equipos, instrumentos y utensilios de cocina que permiten procesar los alimentos que nos garantizan la vida, y nos permiten disponer de los equipos médicos de alta tecnología que en los hospitales de todo el mundo salvan millones de personas diariamente, sin pedir reconocimiento público, pero esperando al menos la gratitud que debe adornar a todo ser humano juicioso y sensato.

Sin los metales y materiales producidos por la minería no sería posible disponer de medios de transporte como automóviles, autobuses, camiones, trenes, aviones, barcos, etc, y no sería posible disponer de grava, arena, cemento y acero para construir las viviendas que nos protegen del sol, del frío, de las lluvias y de los fuertes vientos propios de las tormentas y huracanes, ni sería posible disponer de carreteras y calles que nos facilitan el desplazamiento.
La realidad es que si paralizáramos la minería se paralizaría el mundo, pues no dispondríamos de metales ni de combustibles para suplir nuestras necesidades diarias, y esas son sus virtudes.

Pero si bien es cierto que reconocemos que sin la minería el mundo de hoy no fuese como lo conocemos, también reconocemos que la minería de ayer cometió errores ambientales y sociales, y que la minería de hoy debe adoptar nuevas prácticas que garanticen que esa actividad industrial sea ambientalmente sustentable, de forma tal que tan pronto se concluya la extracción de un mineral se proceda a la inmediata recuperación y reforestación total de la zona minada, lo cual debe ser supervisado por el Ministerio de Medio Ambiente, que no lo hace.

Los grandes errores de la minería de ayer han conducido a que la moda de hoy sea estar en contra de la minería, aunque para todo dependamos de la minería, y a esa moda se ha sumado la iglesia católica vegana que pide a gritos que la zona niquelífera de la loma de Miranda no sea explotada en beneficio del país, y que sea declarada como área protegida, al mismo tiempo que las iglesias católicas de San Juan, Barahona y Santiago piden a gritos que tres áreas protegidas sean destruidas para abrir una innecesaria carretera desde San Juan a Santiago, sin beneficios económicos ni sociales, pero con grandes perjuicios ambientales, y la pregunta obligada es: ¿para qué la iglesia pide nuevas áreas protegidas si no respeta las áreas protegidas ya existentes?

Lo cierto es que la minería, como toda actividad productiva, tiene virtudes y defectos, pero sus virtudes son muy superiores a sus defectos, y preocupa el hecho de que una iglesia y una sociedad cuyos templos, escuelas, hospitales, viviendas, carreteras, medios de transporte, energía, presas, acueductos, canales y alimentación dependen de la minería, de repente se quieran volver injustamente en contra de la necesaria minería. 
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About Gazcue es Arte

Lic. Comunicación Social y Bibliotecologia; Master Educación Superior y Política Internacional. Community Manager de @UASDFCS; Columnista @ElNuevoDiarioRD.
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