Deuda pública y COVID-19

Durante el año 2020 que recién terminó, se estima que la deuda pública dominicana (consolidada) aumentó del 51% al 68% del PIB. ¿De quién es la culpa, del pasado gobierno de Danilo o del actual de Abinader? Pues de ninguno de los dos: la culpa es del COVID-19.

En ese mismo año, según la más reciente estimación del FMI, la deuda pública de los Estados Unidos aumentó de 109% a 131% del PIB, la de Alemania del 60% al 73%, la de España del 9% al 123%; la del Área Euro en su conjunto de 84% a 101%, y la de América Latina de 71 a 82%. Y la culpa nos es de Trump ni de Merkel; tampoco de Bolsonaro, López Obrador o Fernández. La culpa es del COVID-19.

Cada uno de ellos podrá tener muchas culpas, pero no esa. Y es una enorme irresponsabilidad de cualquier político o economista atribuir la culpa a gobierno alguno de haber hecho algo que si estuviera en su lugar igual habría hecho.

La crisis del coronavirus nos trajo varias cosas en términos macroeconómicos, entre ellas, reducción de ingresos fiscales y aumento de gastos. Entre la caída de las actividades productivas y comerciales, conjuntamente con las políticas de alivio fiscal aplicadas para atenuar la crisis, disminuyeron los ingresos fiscales en todas partes.

La carga tributaria total (incluidos gobiernos nacionales y subnacionales, más la seguridad social) bajó de 29% al 28% en los EUA, de 46 a 45% en el Área Euro y del 28 al 26% en América Latina. Entre los campeones de los altos impuestos, se estima que bajó de 53% al 52% en Francia y de 59% al 54% en Noruega; mientras que en campeón de lo contrario, la República Dominicana, bajó de 15% a 14%.

Y decimos que RD es campeón de lo contrario, no porque no existan los impuestos, sino porque se cobra poco, hay muchas exenciones, elusión y evasión. Además, en nuestro país no se incluye la seguridad social, no hay gobiernos provinciales y la carga fiscal de los municipios es literalmente cero.

¿Y qué hicieron los gobiernos ante una crisis como la del COVID-19? Pues lo que tenían que hacer: aumentar el gasto público en todas partes, primero en salud para combatir la pandemia, en apoyo para mantener a flote actividades productivas, y en protección social para que la gente no pasara hambre. Eso mismo hizo la RD y hubiera sido irracional e inhumano bajar el gasto público porque había menos ingresos.

El problema es que la pandemia no ha terminado. La crisis sigue, la enfermedad se recrudece y los programas de gasto público no se pueden eliminar de golpe, sino todo lo contrario. Y el Gobierno está compelido a comenzar a cumplir promesas, y a satisfacer viejos y nuevos reclamos.

Reclamos, incluso, de la gente que antes no solía reclamar, pues en 2020 todo el mundo aprendió que algún día puede necesitar del Estado, incluso banqueros, industriales, hoteleros y hasta peloteros y artistas, gente que creía que nunca lo iba a necesitar. Lo único que le pedían era pagar menos impuestos.

El Gobierno tendrá que seguirse endeudando. No hay de otras, mientras se crean las condiciones propicias para que el Estado pueda ser quien reclame. Y el virus no permite ver llegar esas condiciones propicias.

Ahora bien, el endeudamiento no puede seguir indefinidamente, primero para no hacer insostenible su repago, y segundo para evitar complicaciones con los mercados. Todavía los acreedores no ven serios peligros y siguen dispuestos a adquirir los bonos dominicanos, al tiempo que las tasas de interés están bajas, en abundancia de liquidez internacional.

Pero podrían las calificadoras comenzar a degradar nuestras emisiones, encarecer más la deuda y algunos administradores de fondos dejar de comprarlas. Lo peor que podría pasar a la RD es necesitar recursos y no encontrar quien nos preste, en medio de una pandemia.

Claro está, los que administran los fondos también tienen un problema. Tradicionalmente, cuando veían más riesgo en un país, buscaban refugio en otros, que consideraban seguros y rentables. La RD ha sido buen refugio. Pero ahora no hay mucho para donde ir, pues todos los países están en situación parecida.

Tendrían que degradarlos a todos y entonces no encontrarían dónde invertir. No pueden comerse sus dólares. Eso dará un respiro al Gobierno dominicano y a los de AL, pero no por mucho tiempo, porque los países ricos están vacunando a su gente y controlarán pronto la pandemia. Volverán a ser buen refugio.


Por Isidoro Santana

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Editor Gazcue es Arte

Master en Educación Superior mención Docencia, Licenciado en Comunicación Social, Técnico Superior en Bibliotecología y Diplomado en Ciencias Políticas, Columnista del periodico El Nuevo Diario

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