(josephcaceres.net)

Sin embargo, con una facilidad increíble aparecen ''hachas'' para decapitar a exponentes de la música urbana como Tego Calderón y el Lápiz, ante la mínima insinuación al uso de estupefacientes en su música.
Se dirá que hacer una comparación entre Sabina, Tego y El Lápiz, es un atrevimiento, pero en modo alguno estamos estableciendo comparaciones de su música y estilo, sino de los nocivos elementos comunes que uno y otro emplean como parte de su propuesta.
Aunque no estaría de más decir que así como Sabina expresa, en su estilo y lenguaje, las vivencias del hombre común, lo propio hace Tego y el Lápiz, en en torno a la realidad en que viven.
Todo es cuestión de gustos y preferencias, dependiendo de factores educativos y culturales, si se quiere, pero para el caso, cada quien articula en su lenguaje los elementos que les confieren singularidad a su expresión.
Creo injusto que mientras se quiere lapidar a los intérpretes de la música urbana que se pasan de la raya, promoviendo el uso de sustancias controladas, se esté tratando de justificar la misma actitud nociva de los considerados ''poetas'' e ''intelectuales'' de la canción.
Uno y otro comportan la misma carga detestable sin importar el nivel cultural ni social de quien la asuma para exaltar su uso y preferencia.
Lo mismo vemos que ocurre con algunas figuras de la televisión a las cuales se les celebran sus chistes groseros y expresiones vulgares, mientras se les condena a otros.
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