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ARROBA NO ES UN SIGNO DEL ALFABETO

El uso de @ como un signo alfabético está al margen de las convenciones idiomáticas 


 Escrito por: RAFAEL PERALTA ROMERO
(rafaelperaltar@hotmail.com)

En la agenda temática de esta columna figura el tratamiento de los signos auxiliares, precisando sobre los  “alfabetizables” y los  que no lo son. Como ese tema no estaba previsto para esta semana,  no he de negar que el aviso publicado por una universidad  que está buscando un nuevo incumbente para la rectoría, me haya provocado.

Esa institución de estudios superiores, con bien ganado prestigio,  publica  un aviso en el que ofrece el puesto de Rector@. Así mismo,  con una arroba al final.  ¿Quiere decir esto que pueden presentarse mujeres y hombres como aspirantes al cargo?  Sospecho que  así es, pero no es lo que dice el aviso, pues arroba no es un signo del alfabeto.

La  arroba es una vieja medida de peso, equivalente a un cuarto de quintal.   En nuestra adolescencia, con los intentos de aprender mecanografía, nos dimos cuenta que había una extraña tecla para indicar el signo de esa  medida.

Digo estas cosas para llegar a las reflexiones sobre el significado que en el mundo moderno ha adquirido esta grafía. Nada está más de moda que esa figurilla construida a partir de una “a” circundada por una larga cola. Una dirección electrónica está incompleta sin la @.

Las distintas lenguas le han buscado un nombre al mismo trazo, algunos de los cuales en sus vertientes hispánicas suenan a “caracolito”, “ratoncito”, “cola de mono”, “perrito” y “trompa de elefante.

El hembrismo, contraparte del machismo, ha encontrado en el  signo arroba un punto de apoyo para “unificar” géneros y evitar la subyugación que le significa que mencionen a las hembras con referirse a los varones. Las publicaciones alternativas, los documentos de sindicatos y gremios profesionales no se expresarán jamás sin la comodidad que les brinda la arroba.

Así, mientras unos muy atrasados escriben niños y niñas, compañeros y compañeras, profesores y profesoras, otros más inteligentes y actualizados recurren al poderoso signo para expresar niñ@s, compañer@s, profesor@s. Y con ello  creen demostrar  que es posible agregar una letra a nuestro alfabeto, pero no cualquier letra, sino una que guarda doble significación porque encierra en sí las vocales “a” y “o”.

En la lista de símbolos o signos no alfabetizables que registra la  “Ortografía de la lengua española”, el primero que aparece es la arroba. Se trata de un conjunto de signos no formados por letras del alfabeto, en contraposición con los alfabetizables que son formados por letras.

Los símbolos alfabetizables se emplean sobre todo para referirse a las unidades de medida, los elementos químicos de la tabla periódica, los puntos cardinales y las monedas oficiales de los países. Con letras  del alfabeto  y no otra  cosa se  escriben  los símbolos del oro (Au), plata (Ag), hierro (Fe) y  aluminio (Al).  El uso de @ como si fuese un signo lingüístico  está totalmente  al margen de las convenciones idiomáticas.

Por eso no entiendo que una institución de educación superior publique un aviso pagado  solicitando Rector@, y se permite semejante erosión a nuestra lengua. Pero como les dije antes, el asunto de los signos no alfabetizables sigue pendiente. Para pronto.

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