La "culebrilla", mitos y realidades

Conocido popularmente como culebrilla, el herpes zóster es una enfermedad infecciosa que se presenta generalmente en adultos que han padecido varicela 

WENDY ALMONTE

La irritación de la piel es uno de los síntomas
principales de la culebrilla.

El virus que produce la culebrilla es el mismo que causa la varicela. Una vez que se ha tenido varicela, el virus varicela-zóster permanece en los tejidos nerviosos del cuerpo y realmente nunca desaparece. Está inactivo, pero puede reactivarse más adelante. Esto produce lo que popularmente se conoce como culebrilla.

 Los médicos no están seguros de cómo o por qué el virus varicela-zóster se reactiva, pero creen que la respuesta del sistema inmunológico al virus se debilita a través de los años, luego de haber tenido varicela en la infancia.

Cuando el virus se reactiva, se propaga a través de los nervios, lo que frecuentemente causa una sensación de ardor o cosquilleo en las áreas afectadas.

La doctora Ana María Rodríguez Tatis, médico estético y cosmiatra de la clínica de estética y belleza “Cutis”, la define como una enfermedad infecciosa, aguda y autolimitada; es decir, que su duración es restringida por las características propias de la enfermedad.

“La culebrilla o herpes zóster aparece de forma repentina, con afección de la piel y nervios cercanos a las lesiones en forma de vesículas pequeñas agrupadas como racimo, con una base muy enrojecida, siguiendo la trayectoria de un nervio”, precisa la doctora Rodríguez Tatis.

La experta dijo que la culebrilla afecta sin distinción de raza, con un leve predominio en los hombres, siendo más frecuente en adultos entre los 30 años de edad y ancianos, aunque se han dado casos en niños pequeños, debido a contagio maternofetal.

“Es más frecuente en aquellos pacientes que tienen alteración en su  sistema inmune, como es el caso de las personas de edad avanzada,  las que tiene algún tipo de cáncer,  las que se han realizado trasplantes de órganos, así como las  que son VIH positivo”, comenta la especialista.

La profesional de la salud explica que como esta enfermedad es una reactivación del virus varicela-zóster, éste se libera en la piel y sufre cambios muy parecidos a los de  la varicela, pero a diferencia de esta, no es trasmisible por contacto.

Generalmente, la culebrilla dura entre siete y diez días, aunque las ampollas pueden tardar varias semanas en desaparecer por completo. Es muy probable que en el transcurso de cuatro semanas,  el aspecto de la piel vuelva a la normalidad. A algunas personas les quedan manchas oscuras, en el área de la erupción.

La duración del dolor es muy variable. En la mayoría de las personas el dolor disminuye en dos a tres meses. Aproximadamente el 10% de las personas sienten dolor por varios meses y el 2% sigue sintiendo hasta por un año.

“Existe una creencia generalizada, que cuando las dos puntas de una culebrilla se juntan, puede ser fatal. Pero esto  no es cierto, ya que esta infección sigue la trayectoria del nervio y ningún nervio cubre todo el cuerpo” dijo  la profesional.

“Es muy común la idea de que si la cola de la culebra choca con su  cabeza, la persona  se muere; es por esta misma razón que las personas se convencen que deben acudir adonde alguien que le “ensalme”, para que le quiten el mal que se empodera del cuerpo y evitar morir, lo cual tiene sus repercusiones en el organismo  debido a las  sustancias utilizadas, ya empeoran el cuadro clínico del paciente”, precisó Rodríguez Tatis.

Cómo tratarla

Según Ana María Rodríguez Tatis, en ocasiones no se requiere de medicamentos para tratar esta enfermedad, porque el cuadro puede desaparecer de forma espontánea, aunque en la mayoría de los casos,  se trata la sintomatología para dar confort al paciente. Si hay infección se debe paliar con antiséptico, y en determinadas ocasiones, dependiendo del cuadro clínico, la terapéutica recomienda utilizar retrovirales tipo Aciclovir.

La erupción y las ampollas deben enjuagarse suavemente una o dos veces por día, con agua fresca. Es posible que los especialistas médicos sugieran usar pomada con antibiótico en las áreas al descubierto. Como el dolor que acompaña a la culebrilla puede ser intenso, es probable que se recete medicamentos para el dolor.

Existen una serie de alimentos que están recomendados para que se  consuman cuando se tiene culebrilla como la levadura de cerveza, el salvado de arroz y también las peras. Generalmente, las vitaminas B y C, también son beneficiosas para este problema.

El tratamiento temprano podría ayudar a impedir las complicaciones a largo plazo, así que llame a su médico inmediatamente si tiene síntomas de culebrilla.

La creencia popular también es asunto de fe

Mercedes Estrella, quien lleva más de 30 años curando la culebrilla con ensalmos, asegura que adquirió el don cuando una amiga ( ya fallecida) le hizo una revelación. Dice que para que una gente se cure, la cantidad de ensalmos va a depender de qué tan avanzada esté la enfermedad, y que estos van desde tres hasta nueve ensalmos, ya que tienen que ser impares.

“Algunas personas, si le está comenzando se curan con pocos ensalmos. Existen gente que con tres ensalmos tienen, unos con cinco y a otras hay que darles hasta nueve”, precisa la señora Estrella, quien se niega a revelar la oración con que hace el ensalmo, acompañada de una pomada.

Asegura que la culebrilla es producida por el mismo virus de la disipela. Aclaró que no se usa el mismo ensalmo para las dos porque son enfermedades, aunque parecidas, muy diferentes.

“La fe es lo que importa, si tú no crees que te vas a sanar, no te sanas, porque la fe es lo más importante, hay que creer en Dios”, asegura Mercedes.

Dijo que a su casa van menos personas a curarse que años anteriores, y que a quienes padecen la culebrilla, como una doctora, le da una receta: “le digo no comas pollo, no comas carne roja, ni huevo si no es salcochado. No puede tomar alcohol, no puede hacer desarreglo de ninguna forma”.
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Editor Gazcue es Arte

Master en Educación Superior mención Docencia, Licenciado en Comunicación Social, Técnico Superior en Bibliotecología y Diplomado en Ciencias Políticas, Columnista del periodico El Nuevo Diario

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