Edith Windsor, una lesbiana que a los 83 años defenderá su matrimonio gay

A la muerte de su esposa en 2009, Windsor tuvo que pagar por el patrimonio heredado más de 350.000 dólares en impuestos federales, lo que la llevó a emprender una cruzada en defensa de la igualdad de sus derechos como cónyuge, que ha llegado ahora hasta el Tribunal Supremo.


Edith Windsor
WASHINGTON.- Edith Windsor, Edie, fue siempre una pionera: trabajó como programadora de IBM cuando esa profesión se consideraba de hombres, traspasó fronteras para casarse con la mujer a la que amaba y a sus 83 años ha logrado que la validez de ese matrimonio se evalúe mañana ante el Tribunal Supremo de EE.UU.

El Supremo, que escuchó hoy los argumentos a favor y en contra de la enmienda constitucional que impide el matrimonio gay en California, hará mañana lo mismo con la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA), que define el matrimonio como la "unión entre un hombre y una mujer".

Esa ley, a la que ha plantado cara Windsor, impide que los homosexuales casados en los nueve estados donde es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo logren reconocimiento y beneficios fiscales a nivel federal.

"Es emocionante para mí estar en esta posición", afirmó Windsor en una entrevista reciente con el diario The New York Times en la que aseguraba que este momento es "delirantemente feliz para una anciana".

Coqueta, serena, con una sonrisa enmarcada en pintalabios rosa y luciendo su característica media melena rubia, Windsor se casó en Canadá en 2007 con Thea Spyer, su pareja durante más de 40 años, que falleció en 2009 tras sufrir esclerosis múltiple por largo tiempo.

Las septuagenarias decidieron sellar su amor en otro país por temor a no vivir el tiempo suficiente para ver la aprobación de los matrimonios homosexuales en el estado de Nueva York, donde residían, ya que el Gobierno federal por ley no los reconoce.

A la muerte de Spyer, Windsor tuvo que pagar por el patrimonio heredado más de 350,000 dólares en impuestos federales, lo que la llevó a emprender una cruzada en defensa de la igualdad de sus derechos como cónyuge, que ha llegado ahora hasta el Tribunal Supremo.

Nacida en Filadelfia en 1929, poco después de que sus padres perdieran la casa y un negocio de caramelos y helados durante la Gran Depresión, Edith Schlain era la mayor de tres hermanos.

Inteligente, vivaracha y guapa, poco después de graduarse en la Universidad de Temple se casó con Saul Windsor, un amigo de su hermano al que describió como "uno de los hombres más dulces del mundo", pero al que un año después de casarse le confesó la verdad y le recomendó que se buscara a alguien que le mereciera.

Tras mudarse a Nueva York, trabajó como secretaria, realizó un máster en matemáticas en la Universidad de Nueva York y comenzó a trabajar como a consultora de sistemas informáticos para IBM, compañía en la que desarrolló una exitosa carrera.

"Vine a Nueva York para dejarme a mí misma ser lesbiana", confesó al New York Times. Y allí fue donde conoció en 1965 en un restaurante italiano llamado "Portofino" a una prominente psicóloga que se convertiría en el amor de su vida.

De esa época recuerda que "todo el mundo vivía en el armario" y que apenas había lugares donde conocer lesbianas y aquella noche que acabó en una fiesta en casa de un amigo bailando hasta el final, cambio la vida de ambas.
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Lic. Comunicación Social y Bibliotecologia; Master Educación Superior y Política Internacional. Community Manager de @UASDFCS; Columnista @ElNuevoDiarioRD.
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